martes, 23 de abril de 2013

17 reto ojo avizor mente inquieta




A veces la llave que abre la puerta de los libros viene de la mano de uno de esos escritores que jamás hubieras leído si no fuera porque un amigo, o un buen maestro te hubieran animado a hacerlo. 
La escuela, en ocasiones, se encarga de hacer lejano y aburrido lo que con el tiempo resulta interesante y vital. La imposición, la falta de interés y motivación, la dejadez y la abulia intelectual fomentan este tipo de desencuentros tan trágicos como devastadores. 
En mi caso fue un maestro el que me ofreció la llave de los libros; pero con la inexperiencia y la osadía de la juventud rechacé su regalo con una cierta autosuficiencia. ¿Para qué quería leer las historias de un viejo gruñón aburrido? En mi vida no necesitaba aquellos relatos con olor a rancio. 
Pero la vida da muchas vueltas, y con el tiempo descubres que lo verdaderamente rancio es tu propia alma, y que quizá aquel anciano gruñón sí tenía verdaderas historias que contar. Así que buscas entre los libros que andan acumulando polvo por casa y encuentras ese viejo título del que te habló tu profesor. Y poco a poco te sorprendes de lo estúpido que has podido ser al haber olvidado durante tantos días todos los libros maravillosos que escribió el viejo gruñón. Y te conmueves cuando descubres que el viejo gruñón te ha regalado un millar de llaves, que abren la puerta de un millón de libros con historias maravillosas de otros hombres que sufren y viven como tú. Ese es el regalo que me hizo mi profesor, aunque no lo supiera reconocer; y ese es el presente que recibo cada vez que abro un nuevo libro.
En el reto de hoy quiero que adivinéis quien es el viejo gruñón a quien me recomendó leer mi profesor. Para ello os he colgado la fotografía, en la cual se ve el establecimiento donde trabajó antes de ser novelista. 

Pista: Su prosa tenía mucha miga.
Aviso: Siento ser tan ñoño en el reto de hoy, pero necesitaba contarlo en el día del libro.

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