En Memorias de un hombre de acción Baroja narra las andanzas y aventuras de Eugenio de Avinareta, un antepasado del escritor donostiarra que simpatizó con los liberales a lo largo del convulso siglo XIX español.
En este grupo de novelas destacan las dedicadas al conflicto fratricida que azotó a nuestro país en 1833: la primera guerra carlista. En dicha contienda se vio inmerso el bueno de Avinareta, conspirando a favor del bando cristino, al cual prestó valiosos favores que posteriormente fueron olvidados, como casi siempre ocurre. A lo largo de los cuatro años que duró el conflicto bastas regiones de la Península fueron devastadas por la guerra, que como toda contienda civil destacó por la crueldad y falta de compasión de los contendientes. Entre los mandos más populares por su vesania destacó un militar carlista, enrolado en las filas del pretendiente tras abandonar el seminario y ascendido poco después en la jerarquía militar por su provada eficiencia y valentía. Sus gestas tuvieron tal resonancia, que hubo algunos que imbuidos por el fervor romántico de la época pensaron que el exseminarista no era más que un vampiro sediento de sangre y venganza.
Pero la verdadera razón por la que he elegido a este militar es porque en un momento crítico de la guerra visitó Vallecas. No lo hizo como turista, ni como cobrador de impuestos, ni tampoco como profesor; lo hizo para acampar sus tropas mientras meditaba si entraba o no en Madrid para sacar a la regente a gorrazos. Afortunadamente para María Cristina el faccioso decidió dar media vuelta y regresar a su agreste territorio.
En el reto de hoy queremos saber:
1. Nombre del militar del que hablamos.
2. Qué seudónimo se utilizó para nombrarle.
3. Qué acto provocó su irracional crueldad hacia las tropas cristinas.
Pista: No fue Franco.
Aviso: Nadie tiene excusa para no contestar este reto. Dadme las respuestas el lunes. Feliz descanso.

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